Niños y comida: La alimentación también se enseña

Muchos padres se muestran excesivamente preocupados por la cantidad de chucherías que toman sus hijos y en algunos hogares la hora de la comida es un auténtico calvario. En este sentido es fundamental enseñar a los niños buenos hábitos y evitar actitudes erróneas en la mesa.

Los llantos, pataletas, los recurrentes “esto no lo quiero” o “esto no me gusta” pueden llegar a desesperar a algunos padres, angustiados por la idea de que sus hijos no comen suficiente. No obstante, los especialistas señalan que, por lo general, el apetito de un niño suele bastar para cubrir sus necesidades nutricionales.

Los especialistas señalan que no existe un solo alimento que cubra todas las necesidades nutricionales de un niño, por lo que su alimentación debe ser variada. Hay que vigilar que la dieta esté proporcionada, que haya proteínas como carne, pescado o huevos y que tenga también una suficiente cantidad de fibra en forma, sobre todo, de frutas y verduras. Además, es recomendable que consuman otro tipo de productos que también aportan fibras, como las legumbres. Los lácteos son también muy importantes en los tres primeros años de vida y en el periodo de crecimiento de la adolescencia.

Debe evitarse un exceso de grasas de origen animal, el aceite de oliva es uno de los más completos y uno de los más sanos a nivel nutricional.
“Durante la infancia, las características que debe tener la dieta están condicionadas por el ritmo de crecimiento, la tolerancia a los diferentes alimentos, la capacidad digestiva, el grado de autonomía y las habilidades del niño o niña”, expone la “Guía para la alimentación equilibrada en niños y niñas menores de tres años”. Este manual subraya que una dieta adecuada permite mantener el estado de salud, prevenir en la mayoría de la población estados de deficiencia, y que también juega un importante papel en la prevención de algunas enfermedades crónicas.

Si un niño está sano, en principio, va a comer lo que necesite . Otra cosa es que detectemos que el niño no está engordando suficientemente o que antes comía unas ciertas cantidades y ha disminuido la ingesta. Entonces hay que preocuparse de averiguar por qué está sucediendo eso, pues existen muchas enfermedades en la infancia cuya primera señal es que el niño deja de tener hambre. En general, todos los trastornos que cursan con inflamación intestinal van a producir pérdida de apetito. La patología más paradigmática de esta situación es la enfermedad celíaca, aunque también otras intolerancias alimentarias pueden producir inapetencia.

Fuente: vidayestilo